En este caso, en lugar de desplarse hasta uno de los pilotos del proyecto, la formación se realizó en dos sesiones a finales de enero, en la sede la Fundación Juana de Vega en Oleiros, A Coruña, y en mayo en la propia facultad. La veintena de estudiantes estuvieron acompañados por el profesor Héctor Pose.
La Academia de la Aldea es un programa de sensibilización, información y formación práctica dirigido a jóvenes estudiantes y escolares. Su objetivo es destacar la importancia de la gestión activa del espacio rural como estrategia de adaptación al cambio climático y de prevención de incendios. Esta iniciativa forma parte de la Actividad 4: Trabajo en red para la transformación transfronteriza del proyecto PAISACTIVO.
La microdinámica del 30 de enero se estructuró en tres fases y se prolongó toda la mañana. La formación se concibió como una herramienta didáctica práctica para introducir a las alumnas en los principios de la gobernanza comunitaria rural, desde una perspectiva sociológica aplicada.
En este sentido, el ejercicio se alejó de enfoques excesivamente normativos o institucionales, centrándose en las relaciones sociales, los conflictos de intereses, el liderazgo informal y la construcción colectiva de decisiones en las zonas rurales. Es decir, se situó a la comunidad en el centro del proceso, evitando visiones idealizadas del campo y facilitando una lectura crítica de la dinámica real de la gobernanza.
Los principales objetivos fueron:
• Comprender el campo como un sistema social complejo, con diversos actores y asimetrías de poder.
• Analizar la gobernanza comunitaria como un proceso, no como un resultado formal.
• Explorar la relación entre participación social, innovación y sostenibilidad, más allá de la dimensión técnica o económica.
La metodología se basó en un role-play, combinado con trabajo en grupos pequeños y reflexión colectiva. El juego de roles es una técnica de aprendizaje activo en la que los estudiantes asumen temporalmente el rol de un actor social específico, actuando y tomando decisiones desde esa posición, y no desde su opinión personal. El objetivo no era dramatizar ni representar, sino comprender las lógicas sociales, los intereses y las relaciones de poder que condicionan la acción colectiva.
Al situarse dentro del proceso, las estudiantes experimentaron directamente las dificultades de la participación, la aparición de liderazgos informales, silencios, alianzas y desequilibrios de poder presentes en cualquier contexto comunitario.
Desde el punto de vista pedagógico, este juego de rol facilitó el aprendizaje situado, vinculado a contextos verosímiles, la comprensión del conflicto como un elemento estructural de la gobernanza, el desarrollo del pensamiento crítico y las habilidades de negociación, y el análisis reflexivo del proceso vivido, más allá del resultado final.
Tal y como explicó Fran García, técnico de la Fundación Juana de Vega, «esta dinámica permitió trabajar, de forma aplicada, varios aspectos claves» tales como:
• La gobernanza comunitaria no elimina el conflicto, sino que lo gestiona.
• La sostenibilidad depende tanto de las relaciones sociales como de las soluciones técnicas.
• La innovación rural suele surgir de procesos informales y negociados.
• La participación no es automática ni igualitaria: requiere mediación y reconocimiento de las diferencias.









