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Aldeas activas: nodos básicos para la resiliencia territorial

4 de diciembre de 2025

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Aldeas activas: nodos básicos para la resiliencia territorial

Durante la visita inaugural de la Academia de Aldea al piloto de Infesta (Concello de Monterrei), uno de los temas que tratamos con el alumnado del Máster en Planificación y Gestión Territorial de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) fue la importancia de las aldeas.

Durante la visita inaugural de la Academia de Aldea al piloto de Infesta (Concello de Monterrei), uno de los temas que tratamos con el alumnado del Máster en Planificación y Gestión Territorial de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) fue la importancia de las aldeas.

En un momento en el que el territorio rural afronta retos ambientales, sociales y económicos cada vez más complejos, hace falta recuperar una idea esencial: las aldeas no son estructuras aisladas, sino células de un sistema mucho más amplio como es el territorio. Aquello que acontece en su entorno (en los montes, en los valles, en los mosaicos agrarios, en las zonas en transición entre usos) determina en gran medida su resiliencia y su futuro.

El abandono agrario y forestal no supone solo la desaparición de una actividad económica, sino una transformación profunda de la estructura territorial. Cuando se pierde el cuidado de la tierra, se generan condiciones que favorecen la continuidad y acumulación de combustible, el incremento de la peligrosidad de los fuegos, la pérdida de biodiversidad funcional, la fragmentación de las dinámicas comunitarias y la desaparición de los saber que históricamente sostuvieron el rural.

Las aldeas funcionan como auténticos nodos de actividad: son al mismo tiempo espacios de habitación y convivencia, lugares donde se toman decisiones colectivas y se ejerce la gobernanza comunitaria, puertas de entrada al territorio para visitantes y nuevos habitantes, enlaces entre actividad económica, patrimonio y paisaje, y puntos estratégicos para activar el tejido productivo. Entender la aldea como una célula implica asumir que su vitalidad depende de la matriz territorial que la envuelve y que, inversamente, el territorio precisa aldeas vivas para mantener su funcionalidad ecológica y social.

Uno de los grandes retos contemporáneos es no confundir el aspecto visible de un paisaje con su salud real. Un territorio puede mostrarse ordenado y productivo y, con todo, estar sometido a procesos de degradación silenciosos; también puede parecer caótico o en regresión y, al mismo tiempo, albergar dinámicas de recuperación, saber resistentes y oportunidades de futuro. Por eso, resulta esencial aprender a mirar el territorio más allá de las primeras impresiones, comprendiendo el funcionamiento profundo de los sistemas agroforestales, sociales y económicos que sostienen la vida de las aldeas y garantizan su continuidad.

Entender la aldea como una célula implica asumir que su vitalidad depende de la matriz territorial que la envuelve y que, inversamente, el territorio precisa aldeas vivas para mantener su funcionalidad ecológica y social.

Si las aldeas son células de un sistema mayor, la resiliencia debe construirse en tres escalas complementarias.

En la escala territorial, es necesario recuperar mosaicos funcionales, reactivar la actividad agraria y garantizar la continuidad ecológica que sustenta los procesos vitales del paisaje y reduce los riesgos ambientales.

En el perímetro de las aldeas, hace falta activar usos productivos y soluciones basadas en la naturaleza, creando al mismo tiempo espacios de protección frente al fuego que funcionen como franjas vivas, dinámicas y cuidadas.

En el interior de los núcleos, la prioridad es fortalecer la vida comunitaria, consolidar estructuras de gobernanza y ampliar la capacidad de las aldeas para acoger noticias dinámicas sociales y económicas.

La articulación de estas tres escalas permite reconstruir territorios vivos y sostenibles, capaces de adaptarse a las transformaciones presentes y futuras.


Las aldeas, con sus escalas humanas y sus ritmos propios, tienen la capacidad de regenerar el territorio desde dentro, siempre que cuenten con apoyo, cuidados y visión compartida. Son espacios privilegiados para innovar en sostenibilidad, para revitalizar actividad, para recuperar patrimonio y para reforzar vínculos comunitarios.


Las aldeas nos recuerda algo esencial: el territorio es un organismo vivo, cada célula importa.